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martes, 4 de septiembre de 2012

LA PROMESA DE VIDA Y MUERTE

La realidad de una naturaleza aburrida y extremadamente calculadora, muestra suficientes, quizá demasiadas razones por las que aborrecer nuestra existencia, pues la hipocresía diaria en la que vivimos, nos hace espectadores de un mundo injusto e impío, mientras que irónicamente, la humanidad se empeña en establecer unas normas y valores morales, que la misma naturaleza, en su ámbito más cruel y amargo, se empeña en rechazar,  pues en este planeta en el que vivimos esas grandes palabras, esos grandes ídolos argumentales que hemos construido carecen de significado, ya que somos nosotros quienes les hemos dado forma.



Es entonces cuando nos cuestionamos: ¿Qué somos? ¿Dónde estamos? ¿Qué nos espera? en búsqueda de una respuesta que de nacimiento no nos viene dada, ni podemos aprender, muchos optan por la desesperada opción del suicidio. Pues qué mejor para no pensar en los misterios de este mundo, que dejar de vivir en él, y no tener razón alguna para querer conocerlos.

Tristemente he de decir que esta no es la razón por la que suele cometerse la eutanasia, pues debemos, más bien achacar estas muertes a simples depresiones o brotes dementes que surgen del simple estrés por un puesto de trabajo que no se te valora, discusiones con aquellos a quien quieres en busca de comprensión, o la misma soledad, suelen ser las razones más comunes. Y algunos con motivos mayores y más insufribles, pero no dejando de ser mundanos, lo que me hace cuestionarme la escasa cantidad compuesta por aquellos, que lejos de estas causas, han recurrido a la que creían única escapatoria que les quedaba,  por algo tan complejo como el vacío existencial.


A esas personas les dedico este breve relato, un escrito que en su timidez busca la comprensión en aquellos que nos abandonaron al no poder soportar el enigma del ser, la duda existencial. 

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