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jueves, 13 de septiembre de 2012

"LO MEJOR QUE HAY EN TI ES LO MÁS COBARDE QUE HAY EN MI"


Un cuerpo débil y abatido se alimenta de la mentira, y sus falsas proclamaciones; de la cobardía, y su aprensiva ignorancia; de la hipocresía, y su falta de honestidad, dando forma a un inválido viviente, que confía en las que se han convertido en sus más confidentes compañeras, arrastrándonos a un mundo que creemos real e inmutable, en el que nuestra palabra es certidumbre y la opinión de otros simples divagaciones que tratan de engañarnos y dar lo nuestro por roto y sin valor. 


Nos cerramos en una irrealidad de la que difícilmente podemos salir sin ayuda, y crecemos en una cueva de mentiras y palabras dolorosas que no nos aportaran nada, pero nosotros las tenemos por verdaderas, y aumentan su valor y fuerza conforme las alimentamos con el temor de encontrarnos algo que no deseamos, algo que pudiera herirnos de sobremanera en un intentó de despertarnos.



Solo entonces es cuando atendemos a algo mucho peor que nuestro propio mal, cuando una leve mirada lejos de las penumbras, nos sitúa frente a lo que será nuestro más ferviente enemigo, y como no iba a serlo tratándose de un ser que goza de felicidad, suficiencia, y de aceptación ante las injusticias de la vida, así fuente de nuestro desasosiego le hacemos daño, le infligimos cuanto dolor sea posible para deshacernos de nuestras propias cruces, e instigamos entre las mejores y más crueles formas de buscar sus puntos débiles, así afilamos nuestras palabras, buscando las más indicadas para apuñalar a esa persona hasta que finalmente podamos provocar un sollozo, y quizá un brote de incansables lagrimas en su intento de disuadirnos, considerando así finalizada nuestra insufrible misión. Su dolor es lo que a nosotros nos hace crecer, y así es como el hombre se convierte en un monstruo.
Pero lo desesperante es, que esto no me genera felicidad alguna, mis mentiras, mis miles de formas de convencerme a mi misma de mi herrada certeza no hacen más que agrandar mi egocentrismo, el único que se encuentra vergonzosamente satisfecho ante los excesivos crímenes verbales que ha cometido ante otro. Algo me oprime el pecho haciéndome sentir cada vez más miserable, conforme mis respuestas se vuelven más agresivas hacia esa persona, así con la toma de un último aliento antes de la última palabra que pronunciaré entre gritos y acusaciones, no puedo evitar que una parte de mi se de cuenta de lo inevitable, lo que había sabido todo este tiempo, pero no era capaz de admitir, pues lo que he estado escondiendo es que mi odio, la causa de mi amargura y decepción, fue el ver en ti lo mejor que jamás hubo en mi.

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